
InGenio Journal, 6(2), 30–39 34
En Argentina hace veinte años comenzó a crecer progresivamente la preocupación ambiental,
social, económica y política por el manejo de los RSU y se discutía cómo resolver problemáticas
asociadas a los métodos tradicionales de gestión, mientras que a nivel internacional se afianzó
una nueva manera de pensar las políticas de residuos [21]. Hoy en día, asociado a ello, se ha
consolidado el enfoque de la economía circular atribuido en sus orígenes a Pearce y Turner [22].
En tal sentido, la secretaría de ambiente y desarrollo sustentable de Argentina (SAyDS) cuenta
con varias líneas de asistencia financiera para GIRSU y secretarías de economía circular que
buscan fortalecer la asistencia a localidades a partir de demandas puntuales, en búsqueda de
incorporar algunas de las actividades mencionadas en la Tabla 2, situación que resulta similar
para los países de Latinoamérica y el Caribe [23], [24]
La realidad actual Argentina, indica que la generación de residuos en el país responde a una
recta ascendente (directamente relacionada con el crecimiento poblacional), donde cada poblador
genera aproximadamente 1,15 kg de residuo por día, incrementando la cantidad generada año tras
año. Frente a ello, se encontró acciones llevadas adelante por pobladores, como ser el caso de la
ciudad de Buenos Aires, donde se aplicó un modelo de zonificación por cooperativas [8] en el
que los ciudadanos recolectan los materiales reciclables de su zona. La iniciativa de zonificar y
gestionar surgió respetando el marco legal de Argentina [1], que establece a “cada municipio
como el organismo encargado de la gestión de RSU que se genera en su territorio”. Por su parte,
la provincia de Buenos Aires y Capital Federal, poseen un sistema de disposición regional
coordinado por la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE)
donde la disposición de la basura se realiza en rellenos sanitarios. Por otra parte, en el interior del
país, la GIRSU depende de cada jurisdicción y el caso es que la mayoría de los municipios dispone
los residuos en basurales a cielo abierto [7], [8], [21]. Ahora bien, la GIRSU es un tema de manejo
territorial, por ello, se suele cuestionar si el relleno sanitario es una alternativa superadora, donde
según la bibliografía es una práctica actualmente aceptada. De hecho, en Argentina hay
resoluciones del Consejo Federal de medio ambiente (COFEMA), una autoridad ambiental
colegiada creada en la última reforma de la Constitución, en la que están todas las autoridades
ambientales de cada jurisdicción del país, donde se establece que lo mejor que se puede hacer con
los residuos que no se hayan podido valorizar de alguna manera, es disponerlos en rellenos
sanitarios. Es una idea bastante extendida en términos de disposición final de los residuos, después
de haberse agotado las instancias de valorización y en la medida que esté bien construido y
manejado, tenga impermeabilización del fondo, captación de los líquidos lixiviados, testeo de los
gases, control de vectores y una serie de monitoreo, lo vuelven una alternativa superadora [25].
Por parte de la sociedad: ¿Cuáles son hoy los principales desafíos en cuanto a la gestión de
residuos sólidos? ¿De qué manera se va a financiar el cambio en la gestión tomando al reciclaje
como principal desafío? Estas interrogantes están en línea con una serie de discusiones en torno
a la ley de envases y embalajes. Es decir, ¿quién tiene que financiar la gestión de los residuos?
¿los ciudadanos a través del pago de impuestos? ¿No tiene responsabilidad quien puso el envase
en el mercado? Tal como se expone, la temática es compleja y la solución implicaría analizar su
factibilidad ambiental, social y económica [26].
Otro actor plenamente implicado en la GIRSU es el estado, y con ello surgen diversos
cuestionamientos como ¿Ser un estado debe invertir en buenas prácticas de reciclaje? ¿O tiene
que promoverlo? ¿Debe intervenir en la producción y gestión de residuos de las empresas? Hasta
ahora, si bien existen restricciones y alternativas favorables al reciclaje impartidas por el estado,
son insuficientes. Asociado a ello, se ha detectado que no existe un estímulo para que las
industrias consuman más reciclables y les resulte más caro utilizar material virgen, es decir hay
carencia en incentivos de consumo de reciclables, por ejemplo, como el caso de papel FSC (Forest
Stewardship Council por sus siglas en inglés). Estas siglas, remite a una certificación que
garantiza la correcta gestión de los recursos forestales de la empresa que lo tenga, es decir